En la batalla contra la enfermedad,
donde el cuerpo se debilita y se queja,
donde el ánimo se oscurece y se aleja,
la fortaleza de la amistad es nuestra lealtad.
Cuando el dolor nos invade con saña,
y la esperanza se esconde en la distancia,
la mano amiga, con su fuerza y su constancia,
nos sostiene, como un faro en la maraña.
Son los amigos el bálsamo en la aflicción,
con su presencia, consuelo y abrazo,
en su compañía encontramos el lazo,
que nos une más allá de la razón.
En el cálido refugio de su amor,
hallamos fuerzas para seguir adelante,
ante la adversidad, nos hacen gigantes,
y en la lucha, nos dan el mejor soñador.
Así, con la fortaleza de la amistad,
enfrentamos juntos cualquier embate,
porque sabemos que, unidos, somos fuertes,
y contra la enfermedad, triunfaremos en verdad.