El sol declina en la ventana,
dibujando sombras largas
en las páginas abiertas
de un libro que nadie lee.
Un gato sueña en el suelo,
bajo el susurro de la brisa
que trae el aroma del café,
la última taza de la siesta.
Afuera, el mundo sigue lento:
risas de niños en el parque,
el eco de un piano distante,
un perro que corre sin rumbo.
Aquí, el tiempo se deshila,
como el humo en el aire quieto,
y el alma descansa, liviana,
entre el hoy y el mañana.
¿Qué más pedir que este instante:
luz tibia, silencio y techo,
mientras el domingo se va
como un suspiro de ensueño.
.png)