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lunes, 15 de agosto de 2011

LA MALETA

Ya tengo la maleta,
una maleta grande, de madera:
la que mi abuelo se llevó a La Habana,
mi padre a Venezuela.
La tengo preparada: cuatro fotos,
una escudilla blanca, una batea,
un libro de Galdós y una camisa
casi nueva.
La tengo ya cerrada y rodeándola
un hilo de pitera.
Ha servido de todo. Como banco
de viajar en cubierta,
y como mesa y, si me apuran mucho,
como ataúd me han de enterrar en ella.
Yo no sé dónde voy a echar raíces.
Ya las eché en la aldea.
Dejé el arado y el cuchillo grande,
las cuatro fanegadas de la vieja...
- La hostelería es buena, me dijeron.
Y cogí la bandeja.-
Si señor, no señor, lo que usted mande,
servida está la mesa...
Yo por vivir entre los míos hago
lo que sea.
Vi a las mujeres pálidas del norte
arrebatarse como hogueras
y llevarse las caras como platos
de mojo con morena,
tanto que aquí no dejan ni rubor
para tener vergüenza...
Vi vender nuestras costas en negocios
que no hay quién los entienda:
vendía un alemán, compraba un sueco,
¡y lo que se vendía era mi tierra!
Pero no importa, me quedé plantado.
Aquí nací, de aquí nadie me echa.
(Hasta que el otro día lo he sabido,
y he hecho de nuevo la maleta.)
He sabido que pronto van a venir de afuera
técnicos de alambrar los horizontes,
de encadenar la arena,
de hacer nidos de muerte en nuestras fincas,
de emponzoñar el aire y la marea,
de cambiar nuestros timples por tambores,
las isas por arengas,
las palabras de amor por ultimátums,
por tumbas las acequias...
Si se instalan los técnicos del odio
sobre nuestras laderas,
los niños africanos, desvelados
bajo la lona de sus tiendas,
mirarán con horror las siete islas,
no como siete estrellas,
sino como las siete plagas bíblicas,
las siete calaveras
desde donde su muerte, y nuestra muerte,
indefectiblemente se proyectan.
Yo por mi partecojo la maleta.
La maleta que el viejo
se llevó a las Américas
en un barquillo de dos proas,
¡Qué valientes barquillas atuneras!
Tienen dos proas, una a cada lado,
para que nunca retrocedan.
Vayan a donde vayan siempre avanzan.
¿Quién dijo popa? ¡Avante a toda vela!
Y yo...voy a marcharme, reculando.
Voy a dejar que crezca
sobre esta tierra mía
toda la mala hierba.
Voy a volver la espalda al forastero
que vendrá con sus máquinas de guerra
para ensuciar de herrumbre las auroras,
de miedo las conciencias...
Pensándolo mejor, voy a sacarde la vieja maleta
el libro, la escudilla, la camisa,
la batea,voy a pintar y a barnizar de nuevo
su gastada madera,
voy a quitarle el hilo y a ponerle
la cerradura nueva.
Y con ella vacíame acercaré a la Isleta,
y al primer forastero de la muerte
que llegue a pisar tierra
se la regalo, para siempre suya,
y que la use y nunca la devuelva.
¡No quiero más maletas en la historia de la insular miseria!
Ellos, ellos,que cojan ellos la maleta.
Los invasores de la paz canaria
que cojan la maleta.
Los que venden la tierra que no es suya
que cojan la maleta.
Los que ponen la muerte en el futuro
que cojan la maleta¡
Que cojan la maleta,
que cojan para siempre la maleta!

domingo, 14 de agosto de 2011

EL MAR LAS SIRENAS Y YO



¡Cómo se refleja la luna en las aguas!

¡Qué bello paisaje en la oscuridad,

Parece una mar de plata,

da a mí vida una profunda claridad.





Pienso en el tiempo perdido,
  
Allá en la lejanía el océano está tranquilo,
  
noto que despierta mí corazón dormido.





Santander del alma mía,
  
siempre contigo sueño
  
ya sea de noche o de día,

cuando lejos estoy de ti
 sigues siendo mí dueño.
   



Tu calmas mis inquietudes,
  
das energía a mí ser,
 que suspira continuamente
  
con verte de nuevo otra vez.





Cuando lejos estoy de ti, 
  
todo es cotidiano y duro,
  
tengo siempre la esperanza de volver 
  
 y ver el baile de tus  verdes aguas,

esas olas que forman 
  
el manto blanco sobre las rocas.





La leyenda de las  SIRENAS
  
  a lo largo de los siglos,

han fascinado a los hombres del mar, 

que por oír sus dulces cantos,
  
a sus brazos querían llegar. 





La belleza de las melodías,
  
las voces en su cantar,

atraían al ser humano

que por acercarse

   eran capaces de naufragar.





Santander ejerce en mí,
  
   lo que las  SIRENAS al navegante,

por estar cerca de ellas, 

son capaces de extraviarse,

para recibir los abrazos del más puro amor,

cobijándose bajos sus brazos.  





Hay autores de la antigüedad que dicen
  
que nunca fue pez, sino ave,

da igual lo que escribieran,

los pescadores darían la vida 

por encontrarse con su SIRENA.
   



Ninfas marinas, con busto de mujer,

 cuerpo de pez o de ave,

dicen que os afincáis en los riscos

liberando vuestro canto embriagador

esta noche yo os ruego,
  
y a orillas del mar espero.





Hijas de Nereo y Dórides,
  
Nereidas de la mitología clásica,
  
Sirenas o no,
 venid y optad por llevarme,
 a ese reino oculto.  




¡Dadme la sabiduría de nunca irme!
es un modo de quedarme para siempre

 en mí querida Santander,
  
y no tener que pensar nunca en volver!