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martes, 3 de enero de 2012

El poema




Primero fue el agua.
Mi madre me lavó entre esas cosas,
esos perfiles dulces de las cosas:
la margarita triste,
el perro adormecido que quería lamer,
el pensamiento de algo, ignoto todavía.
No sabía qué hacer con esas notas.
Me gustaba palpar el lomo de la tarde,
escribir las palabras hasta verlas brincar,
resquebrajar el libro, convertirse en la nada.
No sabía qué hacer entre las pompas.
No conocía versos, ignoraba a Petrarca
y entonces un soneto
era parte de Dios, o algún milagro.
Tenía una libreta en cuya azul cuadrícula
iba anotando todo.
Muchos años después reconocí el poema.

Quejas




¡Y amarle pude! Al sol de la existencia
se abría apenas soñadora el alma...
Perdió mi pobre corazón su calma
desde el fatal instante en que le hallé.
Sus palabras sonaron en mi oído
como música blanda y deliciosa;
subió a mi rostro el tinte de la rosa;
como la hoja en el árbol vacilé.

Su imagen en el sueño me acosaba
siempre halagüeña, siempre enamorada;
mil veces sorprendiste, madre amada,
en mi boca un suspiro abrasador;
y era él quien lo arrancaba de mi pecho;
él, la fascinación de mis sentidos;
él, ideal de mis sueños más queridos;
él, mi primero, mi ferviente amor.

Sin él, para mí el campo placentero
en vez de flores me obsequiaba abrojos;
sin él eran sombríos a mis ojos
del sol los rayos en el mes de abril.
Vivía de su vida apasionada;
era el centro de mi alma el amor suyo;
era mi aspiración, era mi orgullo...
¿Por qué tan presto me olvidaba el vil?

No es mío ya su amor, que a otra prefiere.
Sus caricias son frías como el hielo;
es mentira su fe, finge desvelo...
Mas no me engañará con su ficción...
¡Y amarle pude, delirante, loca!
¡No, mi altivez no sufre su maltrato!
Y si a olvidar no alcanzas al ingrato,
¡te arrancaré del pecho, corazón!






La noche y mi dolor



El negro manto que la noche umbría 
tiende en el mundo, a descansar convida. 
Su cuerpo extiende ya en la tierra fría 
cansado el pobre y su dolor olvida.

También el rico en su mullida cama 
duerme soñando avaro en sus riquezas; 
duerme el guerrero y en su ensueño exclama: 
-soy invencible y grandes mis proezas.

Duerme el pastor feliz en su cabaña 
y el marino tranquilo en su bajel;
a éste no altera la ambición ni saña; 
el mar no inquieta el reposar de aquel.

Duerme la fiera en lóbrega espesura, 
duerme el ave en las ramas guarecida, 
duerme el reptil en su morada impura, 
como el insecto en su mansión florida.

Duerme el viento, la brisa silenciosa 
gime apenas las flores cariciando; 
todo entre sombras a la par reposa, 
aquí durmiendo, más allá soñando.

Tú, dulce amiga, que tal vez un día 
al contemplar la luna misteriosa, 
exaltabas tu ardiente fantasía, 
derramando una lágrima amorosa,

duermes también tranquila y descansada 
cual marino calmada la tormenta,
así olvidando la inquietud pasada 
mientras tu amiga su dolor lamenta.

Déjame que hoy en soledad contemple 
de mi vida las flores deshojadas;
hoy no hay mentira que mi dolor temple, 
murieron ya mis fábulas soñadas.